Isabel Martínez
23 años
morena
ojos verdes
1.70
60 kg
Nacida en México, Isabel creció rodeada de ese espiritismo y la creencia de lo sobrenatural. La abuela de Isabel tenía una tienda donde vendía ungüentos, pócimas, leía las manos adivinaba el futuro y profesaba su fe como sacerdotísa chamán.
Los padres de Isabel desconfiaban de la abuela y dejaban pocas veces a Isabel con ella, aunque eso hizo que la niña adorase cada momento que podía pasar con ella. El lazo entre abuela y nieta fue cada vez más fuerte, incluso esta le enseñaba que eran los espíritus, a diferenciar entre buenos y malos y demás conocimientos. También le explicó que había diferentes tipos de espíritus, espíritus animales, de elementos, de cosas, espíritus de personas y 3 grandes espíritus que lo equilibraban todo.
Isabel adoraba aquellas enseñanzas, pero cuando sus padres se enteraron no volvieron a dejarle a su cargo, pues llenaba la cabeza de la niña de pájaros.
Cuando Isabel se hizo más mayor se escapaba para ir a ver a su abuela. En una de esas escapadas, se encontró la tienda en tinieblas, excepto por una tenue luz que repiqueteaba dando un aspecto tétrico. Serían las 11 de la noche.
Isabel empezó a caminar, tropezando con cajas y tarros. Las estanterías habían sido tumbadas y habían marcas de garras y sangre por toda la tienda, como si varios animales enormes hubiesen entrado y hubiesen destrozado la tienda. Isabel tropezó de pronto contra algo que hizo que cayera en el suelo, manchándose las manos con un líquido espeso. Tanteo el terreno hasta tocar algo, frió, inerte. Cuando levantó la vista vio el cuerpo de su abuela, destrozado completamente, le faltaban varios miembros y un cerco de sangre enorme se dibuja en el suelo. La abuela sujetaba un papel.
Isabel recogió el papel, entonces oyó un sonido y cuando dirigió la mirada allá donde provenía el ruido, vio dos ojos amarillos y brillantes. Isabela se asusto y tropezó cayendo de culo al suelo, mojándose con la sangre ya tibia. Los ojos avanzaron, dejando ver a un lobo negro de dimensiones descomunales.
Isabel se dio la vuelta y corrió, corrió hasta que sus piernas le fallaron y se encontró lejos, empapada de sangre.
Volvió a casa, quemando la ropa y se dispuso a leer la hoja.
Querida Isabel.
Se que ahora estarás temblando, muerta de miedo, el desconcierto anidará en tu ser.
Te he explicado muchas cosas sobre los espíritus, pero no te he explicado nada sobre los peligros que el mundo de sombras contiene, creía que tendría mas tiempo.
Debo estar muerta y supongo que será porque los agentes del wyrm me han cazado, espíritus corruptos que anidan en distintos cuerpos para servir a sus amos.
Esos monstruos destruyen todo lo bueno y esperan el momento adecuado para destruir todo lo que hemos creado, esperan el Apocalipsis Isabel.
Se que es difícil de asimilar, pero tendrás que afrontarlo a partir de ahora. Además tengo que hablarte de una clase de agentes, mas peligrosos que los demás, las cáscaras.
Son cuerpos muertos, que se mueven gracias a la sangre de los vivos, la toman como su alimento, para poder danzar por las noches eternamente, los conocerás mas como vampiros.
Durante mis años estudiando este mundo y como cazadora me he enfrentado a miles de criaturas pero ninguna era como estas. Demonios, no hay palabra mejor para describirlos, se esconden entre la población aparentando ser humanos pero su alma es negra Isabel, negra como la del mas oscuro de los espíritus.
Ya no tengo edad para seguir luchando, ni para seguir huyendo, pronto vendrán a por mi, los (mancha de sangre) están a punto de llegar.
He mandado ciertos libros a tu casa Isabel, aparte de un regalo, siento que tengas que verte metida en esto, pero es el legado de nuestra familia.
Tu abuela que te quiere.
A los pocos días llegó un paquete a su casa a nombre de su abuela, este contenía varios libros con dibujos y explicaciones escuetas de algunas criaturas de las que su abuela había hecho referencia. En el paquete, muy envueltas, dos espadas cortas de plata, decoradas con unas runas que parecían muy antiguas.
Isabel comenzó a encontrarse pequeños enemigos, espíritus malvados que amedrentaban a las personas, se metían en sus cuerpos e incluso algunos espíritus del fuego infectados por el wyrm que asolaban algún bosque. Y así fue pasando el tiempo.
Introducción.
Isabel cocinaba un plato típico de su ciudad, en un hotel de mala muerte de carretera. Había sido llevada allí por la pista de una cáscara que solía alimentarse por la zona.
Isabel comió tranquilamente y preparo su equipo. Cargó su pistola, afiló sus espadas y cuando estuvo preparada salió por la puerta. Tras varios Km en coche, llegó a una casa alejada de la población. Eran las 5 de la tarde tenía el tiempo justo.
Entro en la casa del vampiro, desactivando unas rudas medidas de seguridad que el vampiro había situado, pasó por la cocina, en la nevera habían varias bolsas de plasma. Bajó al sótano, encendiendo la luz de la linterna. Tras andar unos metros descubrió el ataúd, tapado torpemente con algunas cajas, después de abrirlo, Isabel miró la cáscara, parecía una persona normal, sumida en un profundo sueño, algo pálida por alguna enfermedad, quitó esas ideas de su cabeza, era un monstruo con piel de humano, que solo lo parecía. Apuntó con la estaca y se la clavo, después arrastro el ataúd fuera y observó como se convertía en ceniza.
Isabel volvió al hotel, cuando entro había un dossier encima de la mesa.
Don Oliverti Giovanni, ciudad de Orlen.
Sirviente de un cáscara que ha traído la degeneración a la ciudad... el dossier seguía con fotos, lugares regentados, etc...
Isabel buscó por toda la casa huellas de quien había dejado eso ahí...maldita sea,..aunque una información así era bien recibida. Estaría mas cerca de vengar a su abuela.
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