Samantha Ford
Samantha Ford
(antes conocida como samantha Kent)
27 años
1.65
Morena (tinte pelirrojo)
ojos Verdes
Hija de unos granjeros de un pueblo mas al norte, Samantha creció entre ganado. Mas alante seducida por el ambiente de la ciudad decidió mudarse rompiendo con los lazos que le unían a su familia.
Una vez aquí cambio su apellido por Ford, y empezó a trabajar como camarera, esperando poder cantar algún día en un gran espectáculo.
Así conoció a Mikel, el gerente del club Dudua, el cual le ofreció un puesto de cantante, lo que no sabia era que el lugar era un prostíbulo y al poco se vio teniendo que ofrecer su cuerpo por las desmedidas amenazas del "gerente" y la poca actuación policial respecto a esto. A cambio de todo eso, el la dejaba cantar, eso si con bailes insinuantes y con mas bien poca ropa, o ropa provocativa.
Poco a poco fue ganando publico hasta que se convirtió en la estrella principal del club, aunque siempre anhelaba el sueño de una vida mejor.
Introducción.
Samantha se encontraba en el camerino, colocándose las medias en sus doloridas piernas. Se miró al espejo, varios surcos de ojeras empezaban a marcar su rostro debido al cansancio y el trasnochar. Se miro los pechos que ya empezaban a descolgarse aunque todavía mantenía una exuberante figura. Se colocó el sostén que los levantaba como 6 años atrás, y se coloco el vestido ajustado, recogió su melena y se dispuso a tapar sus pequeños defectos, esperaba encontrar algún día un hombre que le encontrara, pese a todas aquellas cosas, perfecta. Samantha sintió entonces un pequeño atisbo de lagrima en uno de sus ojos, pero se lo aguantó, no quería tener que volverse a maquillar. Entonces recogió lo que le quedaba y corrió hacia la puerta para llegar a tiempo a su espectáculo.
Cuando abrió la puerta algo se interpuso en su camino
-Sam, bien estas aquí- dijo animado y algo nervioso el gerente- esta noche tienes un espectáculo en el privado, ponte tu mejor traje el cliente es muy especial- dijo sin darle tiempo a decir nada, después coloco su dedo en la mejilla acariciándola
-bien- dijo secamente y apartándose de aquel hombre que le profesaba repulsión y asco, aquel que había convertido su vida en un infierno.
Cerro la puerta de golpe, y se dispuso a cambiarse, algún día encontraría justicia, algún día aquel hombre pagaría y ella, podría ser libre...
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